viernes, 2 de noviembre de 2012

Así no se puede cambiar la opinión de Alemania



Un Der Spiegel asombrado relataba hace unas semanas una historia que ilustra perfectamente lo escandaloso de nuestra situación. Se refería a la Alcaldesa de Madrid, cuyo único “mérito” es ser la señora de Aznar.

El semanario no daba crédito, “el ayuntamiento es un palacio cuya remodelación ha costado 500 millones de euros”, “su despacho es mayor que el del Presidente de los Estados Unidos”, tiene “un mayordomo cuya única función es servirle el café”, y 260 asesores personales y altos cargos que cobran de media 60.000 euros.

El Ayuntamiento posee, además, 267 coches oficiales de uso personal, más que todas la capitales de la eurozona juntas. Esto es el despilfarro sin medida, la ostentación suntuaria más indecente en medio de una penuria extrema, donde Cáritas ha tenido que atender a más de un millón de personas y un 26% de los niños vive por debajo del umbral de la pobreza.
¿Cómo se atreve a ir a misa y a salir a la calle?

Y este es el problema, porque no es la excepción, es la regla.

Y luego nos dicen que el problema es la imagen que dan los que se manifiestan en la calle para protestar contra tanto latrocinio.


 "No se ve a ningún dios, tampoco fronteras"

Yuri Gagarin 
(Primeras palabras desde el espacio)

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